Argentina impulsa saneamiento resiliente al clima
Con apoyo internacional, el país implementa estrategias que mejoran la calidad del agua y fortalecen la salud frente a riesgos climáticos.
En un escenario marcado por el avance del cambio climático y sus impactos sobre los recursos hídricos, Argentina comienza a consolidar una estrategia clave para su adaptación: el fortalecimiento de planes de seguridad del agua y saneamiento resilientes al clima, una herramienta que combina salud pública, infraestructura y gestión ambiental.
La iniciativa se desarrolla con el acompañamiento técnico de la Organización Panamericana de la Salud, que viene trabajando junto a autoridades nacionales y locales para ampliar capacidades y promover políticas que respondan a los desafíos actuales y futuros. El objetivo es claro: garantizar el acceso a agua segura y sistemas de saneamiento que puedan resistir fenómenos climáticos extremos como sequías, inundaciones o eventos meteorológicos intensos.
Durante 2025, el país avanzó de manera concreta en esta agenda. Según datos oficiales, se desarrollaron 12 planes de seguridad del agua y saneamiento resilientes al clima, alcanzando a más de 3,8 millones de personas. Este avance no solo implica cobertura, sino también un cambio en la forma de pensar la gestión del agua: ya no se trata únicamente de provisión, sino de anticipación, prevención y adaptación.
Estos planes —conocidos como PSS-RC— buscan identificar riesgos a lo largo de todo el sistema hídrico, desde la captación hasta el consumo, incorporando variables climáticas que antes no eran consideradas de manera sistemática. La clave está en anticiparse a escenarios futuros, proyectando el impacto del crecimiento poblacional, el aumento del nivel del agua o las alteraciones en los ciclos climáticos.
La implementación de estas estrategias también refleja un enfoque territorial. Ciudades como Despeñaderos y Mar del Plata ya presentaron sus propios planes adaptados a sus realidades locales, lo que evidencia que la resiliencia climática no es uniforme, sino que requiere soluciones específicas según las características de cada comunidad.
El vínculo entre agua, saneamiento y salud es central en este proceso. La calidad del agua no solo impacta en el ambiente, sino directamente en la vida de las personas. De hecho, mejorar estos sistemas contribuye a reducir enfermedades como diarreas, infecciones gastrointestinales, patologías de la piel o enfermedades transmitidas por vectores.
Desde la OPS destacan que estos planes no son solo herramientas técnicas, sino también instrumentos de gobernanza. Permiten articular a distintos actores —gobiernos locales, organismos nacionales, profesionales del sector y comunidades— en torno a un objetivo común: fortalecer la seguridad hídrica como pilar del desarrollo sostenible.
En este sentido, el enfoque resiliente introduce una dimensión clave: la capacidad de los sistemas para adaptarse, recuperarse y seguir funcionando frente a situaciones adversas. En un contexto donde el cambio climático intensifica los eventos extremos, esta capacidad deja de ser opcional para convertirse en una necesidad estructural.
La iniciativa también se inscribe en una agenda más amplia de transformación del sistema sanitario. En distintas instancias de trabajo, se ha destacado la importancia de fortalecer la gobernanza, desarrollar infraestructura sostenible y mejorar los sistemas de vigilancia sanitaria, integrando la variable climática en la planificación.
A nivel regional, América Latina enfrenta desafíos crecientes en materia de agua y saneamiento. Sequías prolongadas, inundaciones y desigualdades en el acceso configuran un escenario complejo que requiere respuestas innovadoras. En este contexto, el caso argentino aparece como un ejemplo de cómo avanzar en soluciones integradas, combinando cooperación internacional, políticas públicas y acción local.
El desarrollo de estos planes también tiene implicancias económicas. La inversión en infraestructura resiliente no solo reduce riesgos, sino que también evita costos asociados a emergencias sanitarias, pérdidas productivas y daños ambientales. Prevenir, en este caso, resulta más eficiente que reaccionar.
Sin embargo, el desafío hacia adelante es escalar estas iniciativas. Si bien los avances son significativos, aún queda camino por recorrer para garantizar que estos planes alcancen a todo el territorio nacional y se consoliden como política pública sostenida en el tiempo.
La experiencia argentina muestra que la adaptación al cambio climático no es una abstracción, sino un proceso concreto que se construye desde la planificación, la cooperación y la implementación. Integrar el agua, el saneamiento y la salud en una misma estrategia permite abordar múltiples dimensiones de la sostenibilidad de manera simultánea.
En un contexto global donde la crisis climática redefine prioridades, fortalecer la seguridad hídrica se posiciona como una de las decisiones más estratégicas para el presente y el futuro. Argentina, en este camino, comienza a dar señales claras de avance, apostando por soluciones que no solo responden a los problemas actuales, sino que anticipan los desafíos que vienen.

