Kris Tompkins: la mayor donante de tierras para conservación
El proyecto comenzó en la década de 1990 y tuvo su epicentro en Chile y Argentina, dos países que albergan algunos de los ecosistemas más diversos del continente.
Durante las últimas décadas, la conservación ambiental encontró una aliada inesperada en Kris Tompkins, una empresaria estadounidense que decidió dedicar su vida a proteger la naturaleza. Su historia se convirtió en uno de los proyectos de conservación más ambiciosos del planeta: la compra de grandes territorios para restaurarlos ecológicamente y donarlos a los Estados como parques nacionales.
Tompkins inició su carrera en el mundo empresarial, donde ocupó un rol destacado como directora ejecutiva de la marca de indumentaria outdoor Patagonia y también fue parte del liderazgo de la firma Esprit. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a cuestionar el impacto ambiental del modelo económico dominante y decidió reorientar su vida hacia la conservación.
Junto a su esposo, el empresario y conservacionista Douglas Tompkins, inició en la década de 1990 un proyecto que cambiaría el mapa de la conservación en Sudamérica. La estrategia era tan audaz como simple: adquirir grandes extensiones de tierra con alto valor ecológico, restaurar los ecosistemas degradados y, finalmente, donar esos territorios para crear parques nacionales.
El trabajo se concentró principalmente en Chile y Argentina, dos países que albergan algunos de los ecosistemas más valiosos del planeta. A través de la organización Tompkins Conservation, el matrimonio impulsó proyectos de restauración ecológica que permitieron proteger millones de hectáreas de bosques, estepas, humedales y territorios patagónicos.
El impacto de este trabajo fue histórico. En conjunto con los gobiernos de ambos países, las donaciones territoriales permitieron crear o ampliar más de una decena de parques nacionales y consolidar una red de áreas protegidas que supera los seis millones de hectáreas.
Para Tompkins, la conservación no se limita a proteger paisajes, sino que implica restaurar los procesos ecológicos que permiten que los ecosistemas funcionen de manera saludable. En ese sentido, uno de los pilares de su trabajo es el rewilding, una estrategia que busca recuperar especies desaparecidas y restablecer las relaciones naturales entre la fauna, la flora y el territorio.
Un ejemplo emblemático de este enfoque se desarrolla en los Esteros del Iberá, donde se impulsaron programas de reintroducción de fauna nativa. Allí volvieron a habitar especies que habían desaparecido durante décadas, como el yaguareté, el oso hormiguero gigante o el guacamayo rojo. Estas iniciativas buscan recuperar el equilibrio ecológico de los ecosistemas y fortalecer la biodiversidad de la región.
La visión de Tompkins se basa en una convicción profunda: la naturaleza tiene un valor intrínseco más allá de su utilidad para los seres humanos. Desde esta perspectiva, la conservación no es únicamente una cuestión ambiental, sino también un compromiso ético con el futuro del planeta.
En distintas entrevistas, la filántropa ha advertido que la humanidad enfrenta desafíos ambientales urgentes, entre ellos el cambio climático, la pérdida acelerada de biodiversidad y la presión creciente sobre los ecosistemas naturales. Para ella, estos problemas están profundamente conectados y requieren una transformación en la manera en que las sociedades se relacionan con la naturaleza.
A pesar de las críticas que surgieron en los primeros años de sus proyectos —cuando algunos sectores cuestionaban que extranjeros adquirieran grandes extensiones de tierra—, con el tiempo el impacto positivo de estas iniciativas comenzó a ser ampliamente reconocido. Los parques nacionales creados a partir de estas donaciones no solo protegen ecosistemas únicos, sino que también impulsan nuevas economías locales vinculadas al turismo de naturaleza y la educación ambiental.
Tras la muerte de Douglas Tompkins en 2015, Kris decidió continuar con el proyecto que ambos habían iniciado. Su trabajo consolidó uno de los mayores esfuerzos privados de conservación en la historia contemporánea.
Hoy, su legado demuestra que la protección de la naturaleza puede alcanzar una escala transformadora cuando se combinan visión estratégica, compromiso ambiental y cooperación entre organizaciones, gobiernos y comunidades.
En un contexto global marcado por la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad, la historia de Kris Tompkins deja una enseñanza clara: proteger la naturaleza no es solo una tarea urgente, sino también una oportunidad para construir un futuro más sostenible para todos.

