Ayudan a personas ciegas a andar en bicicleta

El proyecto Tándem Norte reúne a voluntarios y personas con discapacidad visual para promover inclusión, deporte y convivencia.

Cada sábado, mientras la ciudad todavía avanza a un ritmo más lento sobre la costanera de Vicente López, un grupo de personas comienza a prepararse para una actividad que combina deporte, confianza y comunidad. Cascos, guantes y bicicletas tándem se convierten en el punto de encuentro de una experiencia que busca derribar barreras históricas de inclusión. Allí, más de 50 personas ciegas o con discapacidad visual salen a pedalear junto a voluntarios que las guían durante el recorrido.

La iniciativa nació en Argentina bajo el nombre Tándem Norte y hoy se transformó en mucho más que una propuesta deportiva. Para quienes participan, representa un espacio de pertenencia, autonomía y encuentro humano.

Detrás del proyecto está Sandra Dajnowski, una arquitecta argentina que perdió completamente la visión hace 15 años, pero que nunca abandonó una de sus mayores pasiones: andar en bicicleta. Su historia personal terminó convirtiéndose en motor de una experiencia colectiva que hoy crece semana tras semana.

Los problemas visuales de Dajnowski comenzaron durante su juventud, tras sufrir un desprendimiento de retina. A pesar de las dificultades, seguía buscando maneras de mantenerse vinculada al ciclismo, hasta que conoció las bicicletas tándem: modelos diseñados para ser utilizados por dos personas, donde un guía conduce mientras ambos pedalean juntos.

Con el tiempo, la pérdida total de visión la obligó a dejar temporalmente la actividad. Pero años más tarde decidió volver a intentarlo. En ese proceso descubrió que muchas otras personas ciegas atravesaban situaciones similares: dificultades para acceder al deporte, a actividades recreativas o incluso a espacios de socialización. “Les pasaba lo mismo que a mí”, relató Dajnowski sobre los primeros encuentros con otros participantes del proyecto.

Así comenzó a gestarse Tándem Norte. Lo que empezó como un pequeño grupo en una pista de ciclismo terminó evolucionando hacia una comunidad inclusiva que hoy reúne a decenas de personas cada fin de semana. La pandemia representó un desafío importante, pero también impulsó una nueva etapa del proyecto: los recorridos al aire libre sobre circuitos más amplios y seguros en la zona norte del Gran Buenos Aires.

La propuesta funciona gracias al compromiso de voluntarios que cumplen el rol de guías. Cada bicicleta tándem requiere coordinación, confianza y trabajo en equipo. La lógica es simple, pero poderosa: si ambos no pedalean juntos, la bicicleta no avanza.

Para José Soto, uno de los impulsores de la iniciativa, esa dinámica representa el verdadero sentido de la inclusión. “No hacemos esto por lástima, es de a dos”, explicó sobre el funcionamiento del grupo.

La experiencia también desafía prejuicios profundamente instalados sobre discapacidad y autonomía. Muchas veces, las personas con discapacidad visual encuentran barreras que van mucho más allá de la limitación física: veredas rotas, infraestructura inaccesible o miradas sociales cargadas de subestimación.

Dajnowski suele insistir en una idea que atraviesa toda la filosofía del proyecto: “La inclusión debe ser actuada”. Para ella, convivir y compartir actividades es la única manera de construir sociedades verdaderamente inclusivas.

Con el paso del tiempo, Tándem Norte amplió además su alcance e incorporó a personas neurodivergentes y familias enteras que participan de los encuentros. Después de cada recorrido, el grupo comparte almuerzos, conversaciones y celebraciones colectivas. El deporte funciona así como una excusa para construir vínculos y generar comunidad.

El impacto del proyecto también pone sobre la mesa una discusión más amplia sobre accesibilidad e inclusión urbana en Argentina. A pesar de ciertos avances, especialistas y organizaciones sociales advierten que todavía existen enormes déficits en infraestructura y políticas públicas orientadas a garantizar autonomía y participación plena para personas con discapacidad.

En este contexto, iniciativas comunitarias como Tándem Norte adquieren un valor especial. No solo ofrecen una actividad recreativa, sino que también generan visibilidad y cuestionan las barreras sociales que históricamente limitaron la participación de muchas personas.

La bicicleta aparece además como símbolo de libertad y autonomía. Recuperar la posibilidad de pedalear implica, para muchos integrantes del grupo, recuperar una parte importante de su identidad y su bienestar emocional.

El proyecto demuestra que la inclusión no depende únicamente de grandes estructuras institucionales. Muchas veces comienza con acciones concretas, vínculos humanos y espacios donde la diversidad deja de verse como un obstáculo para convertirse en una fortaleza colectiva.

Cada sábado, sobre la costanera de Vicente López, las bicicletas tándem avanzan al ritmo de conversaciones, risas y esfuerzo compartido. Y mientras recorren kilómetros juntos, también ayudan a construir algo más profundo: una idea de sociedad donde nadie quede afuera de experiencias tan simples —y tan humanas— como sentir el viento en la cara mientras pedalea.