Hito global: la energía limpia supera al carbón

El crecimiento acelerado de la energía solar impulsa un cambio estructural en el sistema energético global, aunque persisten desafíos.

El sistema energético global acaba de atravesar un punto de inflexión histórico. Por primera vez en más de un siglo, las energías renovables superaron al carbón como principal fuente de generación de electricidad en el mundo, marcando un cambio estructural que redefine el rumbo de la transición energética.

Según el informe Global Electricity Review del think tank Ember, en 2025 las fuentes limpias —principalmente solar, eólica e hidroeléctrica— alcanzaron el 33,8% de la producción eléctrica global, mientras que el carbón descendió al 33%, perdiendo por primera vez su liderazgo histórico.

El dato no es menor. Durante más de cien años, el carbón fue la columna vertebral del sistema energético mundial, impulsando la industrialización y el crecimiento económico. Hoy, ese paradigma comienza a cambiar de forma concreta. La transición energética deja de ser una promesa y empieza a consolidarse como una realidad medible.

Detrás de este avance hay un protagonista claro: la energía solar. Su crecimiento acelerado, acompañado en menor medida por la expansión de la energía eólica, está transformando la matriz energética global. El informe señala que el desarrollo solar ha sido el principal motor de esta transformación, con un crecimiento sostenido que permitió cubrir gran parte de la nueva demanda eléctrica.

Este cambio no solo responde a una cuestión ambiental, sino también económica. La reducción de costos en tecnologías renovables, sumada a su rápida implementación, ha convertido a estas fuentes en opciones cada vez más competitivas frente a los combustibles fósiles. A esto se suma un factor clave: la seguridad energética. En un contexto de tensiones geopolíticas, las energías limpias ofrecen mayor estabilidad al depender de recursos locales como el sol y el viento.

En este sentido, el avance de las renovables también ha contribuido a reducir la vulnerabilidad de los países frente a crisis energéticas globales. Conflictos como la guerra en Ucrania o la inestabilidad en Medio Oriente han puesto en evidencia los riesgos de depender de combustibles fósiles importados. La transición hacia energías limpias aparece, cada vez más, como una estrategia no solo ambiental, sino también geopolítica.

Otro elemento central en esta transformación es el desarrollo del almacenamiento energético. El crecimiento de las baterías permite aprovechar la energía solar más allá de las horas de generación, resolviendo uno de los principales desafíos históricos de las renovables: su intermitencia. Este avance tecnológico está facilitando una mayor integración de fuentes limpias en los sistemas eléctricos.

Sin embargo, el escenario no está exento de tensiones. A pesar de este hito, las emisiones globales de dióxido de carbono vinculadas al sector energético continúan siendo elevadas. De hecho, los datos indican que las emisiones crecieron levemente en los últimos años, lo que evidencia que la transición, aunque en marcha, aún no avanza a la velocidad necesaria para cumplir con los objetivos climáticos internacionales.

Además, el carbón sigue teniendo un peso significativo en economías clave como China e India, donde la demanda energética continúa en aumento. En estos países, el desafío es doble: sostener el crecimiento económico y, al mismo tiempo, acelerar la descarbonización. Esto genera una tensión estructural que condiciona el ritmo del cambio global.

Aun así, la tendencia parece clara. Desde 2015, la participación del carbón en la generación eléctrica viene disminuyendo de forma sostenida, mientras que las renovables no dejan de crecer. El sistema energético global está entrando en una nueva fase, donde la electricidad limpia comienza a ocupar un lugar central.

Este hito también tiene implicancias directas en otros sectores. La electrificación del transporte, el desarrollo de vehículos eléctricos y la expansión de centros de datos están impulsando una mayor demanda de electricidad, que cada vez más se cubre con fuentes renovables. Esto refuerza el impacto positivo de la transición en la reducción de emisiones a largo plazo.

A nivel global, organismos como Naciones Unidas vienen señalando la urgencia de acelerar este proceso. La meta de limitar el calentamiento global requiere reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles en las próximas décadas. En ese camino, el avance de las energías renovables aparece como una de las herramientas más efectivas y viables.

El hecho de que las renovables hayan superado al carbón no implica que la transición esté completa, pero sí marca un cambio de tendencia difícil de revertir. Por primera vez, el sistema energético global muestra señales claras de desacople entre crecimiento económico y dependencia de combustibles fósiles.

En este contexto, el desafío pasa por consolidar y acelerar este proceso. La inversión en infraestructura, el desarrollo de redes eléctricas más eficientes y el impulso a nuevas tecnologías serán clave para sostener el crecimiento de las energías limpias.

El dato es contundente: el mundo ya empezó a cambiar su matriz energética. Y aunque el camino hacia un sistema completamente sostenible aún es largo, este hito confirma que la transformación no solo es posible, sino que ya está en marcha.